Nacer como ser humano es en sí mismo un privilegio invaluable que nos brinda la oportunidad de desarrollar todas las cualidades que nuestra mente pueda imaginar. Cada persona tiene, desde la visión más alta, un potencial ilimitado, aunque nuestra energía, naturaleza, tendencias, condicionamientos y predisposición, sean diferentes.
Para comprender esta idea, tenemos que comenzar por darnos cuenta de que todos llegamos al mundo con cualidades ya desarrolladas y otras por desarrollar, siendo estas últimas el desafío evolutivo, lo que podemos y hemos venido a aprender.
Claridad, compasión, generosidad, intuición, sabiduría, paciencia, templanza, ecuanimidad, diligencia, intrepidez, valentía, iniciativa, inspiración, perseverancia, fuerza y resistencia, son sólo algunas de las innumerables cualidades que puede cultivar una persona a lo largo de la vida.
Ciertas cualidades requieren mayor esfuerzo y toma de conciencia para ser incorporadas en la vida, pero ninguna es imposible de trabajar, indistintamente de la configuración astrológica que nos encontremos en el mapa natal de una persona.
Lo que nos diferencia es que a unos les resulta más sencillo expresar ciertas habilidades, mientras que otras se nos dificultan y viceversa, lo cual explica el por qué las interacciones humanas propician el aprendizaje, aunque en muchos casos impliquen dificultades.
Acercarnos desde esta premisa a la astrología u otra disciplina holística, nos permite usar de forma consciente las herramientas que éstas nos ofrecen para brindar a las personas orientaciones sobre cómo fortalecer sus cualidades y desarrollar su potencial.
Hacia allí apunta la astrología evolutiva que ejercida de manera consciente, ubica a quien la consulta en su pasado, presente y posibilidades futuras, sin limitarle a través de conceptos y posturas deterministas que están lejos de ser útiles para el bienestar de las personas.


